Hace ya bastante tiempo que se viene demonizando el deseo, la necesidad o el interés en ser validada por terceras personas. Y cuando digo bastante tiempo, me refiero a bastante. Desde el aparentemente inocuo "si no te quieres tú cómo te va a querer nadie" al supuestamente empoderante "es que no te tiene que importar lo que piensen los demás".
El individualismo está servido, señoras. La vida es para los Juan Palomo del mundo: ellos se lo guisan, ellos se lo comen. Normalmente no son ellos quienes limpian sus cagadas, pero bueno, eso no quedaba bien en el refrán. La cosa es que hay que ser autárquico, una isla capaz de proporcionarse todo lo necesario no solo para sobrevivir sino para ser feliz. Si tu felicidad depende de otras personas estás haciendo lo de vivir: MAL.
Esto es especialmente dañino para nosotras: se nos ha educado para entender que nuestro valor depende de la mirada del otro (masculino no genérico, claro) y luego cuando buscamos que nos miren somos dependientes, tóxicas, débiles...
Pero siendo, como casi siempre, las más perjudicadas, en esto hay bastante reparto. Hemos llegado a un punto en el que echar la caña para ver si alguien nos presta atención se considera un fracaso. Desear esa atención y buscarla es un signo de la peor de las flaquezas. ¿Cómo hemos caído en esta trampa? Bueno, supongo que igual que en tantas otras. Pero leñe: somos seres sociales, afectivos, el apego es una parte fundamental de nuestra socialización y bienestar, ¿cómo no vamos a querer que se nos quiera, acepte, vea, valore, extrañe...?
Así que, del mismo modo que cuando tenemos hambre intentamos comer, cuando tenemos sed intentamos beber, cuando tenemos sueño intentamos dormir, cuando algo nos molesta intentamos liberarnos del malestar... Pues cuando nos sentimos invisibles, solos, poco valorados, poco queridos o deseados... buscamos casito. Y eso, per se, no tiene nada de malo. Desde luego, puede haber conductas problemáticas, igual que las hay con la comida, con el sexo, casi con lo que se nos ocurra. Pero el hecho de querer atención no es ningún fracaso. Es lo normal. Y está más que justificado en un mundo en el que todos vamos tan rápido que prácticamente no reparamos en las personas con las que nos cruzamos.
Así que, sí, persona al otro lado de esta pantalla: tú lo que quieres es casito. Como yo. Y como todos en algún momento. Y no pasa nada.