Jodida, pero no sorprendida

Todo está en venta así que todo debe ser comprado.

Nos la liaron bien liada, amigas. Recuerdo antaño aquello del Día de la mujer trabajadora, y esa distinción que se hacía entre las trabajadoras asalariadas y las no asalariadas. La meta era ser independiente y eso significaba trabajar a sueldo, esto es, fuera de casa, para no depender del salario del padre, marido o lo que fuera. ¿Y qué ocurrió? Que doblamos la jornada, porque el trabajo no asalariado, el trabajo de limpieza, cuidados varios, crianza y demás tenía que seguir haciéndolo alguien. Y los señores no iban a pringarse en eso.

Así que como el sistema no se fue al carajo, como las mujeres decidieron doblar jornada para seguir siendo independientes (je), lo suyo era empeorar las condiciones materiales de existencia hasta hacer virtualmente imposible la subsistencia sin dos salarios. Eso sí, introduciendo la idea de que los señores tienen que ayudar en casa. Hablaremos de corresponsabilidad para parecer radicales. Cualquier cosa menos reconocer que el trabajo que se hace en casa es trabajo, que contribuye a sostener el sistema capitalista y que, por tanto, debería ser remunerado. Pero claro, el capitalismo siempre ha requerido su cuota de esclavitud, además de la de miseria.

Pongamos, imaginemos, teoricemos, que alguien que requiera mis cuidados, supongamos mi padre, se pone enfermo. Yo, mujer independiente, que ha tenido que irse lejos de la familia para ganarse el sueldo, sujeta a un contrato y a una jornada laboral, ¿qué tengo que hacer? Por supuesto, tengo permisos: unos días si hay operación con ingreso, o si mi padre requiere cuidados ambulatorios. Los alrededor de 400km de distancia entre servidora y mi padre no son tenidos en cuenta, así que el tiempo de desplazamiento hay que retraerlo del permiso. ¿Y si tengo que cuidar más? Vigilar alimentación, limpieza, curas. Acompañar a citas médicas (que, por supuesto, tienen lugar a bastantes kilómetros de donde mi padre vive y que, por supuesto, requieren traslado en coche). ¿Cómo lo hago? ¿Cómo compatibilizo mi independencia económica con el cuidado de las personas que quiero?

Bueno, podríais decir que no tiene por qué tocarme a mí. Que estoy lejos. Pero ¿a quién entonces? Mi hermano trabaja. Mi cuñada trabaja más horas de las que son sanas para cualquier persona. Todos trabajamos. ¿Quién cuida?

Y ahí está la carambola, la ampliación del negocio: los cuidados se venden. Hay profesionales dedicados a ellos. Y como no somos rentistas y tenemos que trabajar para vivir de todas todas, hay que hacer el sacrificio posible o el imposible para poder pagar eso que no podemos hacer por nosotros mismos. Y pagar a una persona que limpie. O a una empresa que traiga la comida. A una persona que cuide y vigile en la convalecencia.

El amor, la cercanía de los seres queridos, la paz que da saber que has estado cuando los tuyos te necesitaban es un lujo que la mayoría no nos podemos permitir. No podemos pagarlo.

Disclaimer: es probable que no conteste a las interacciones con este post, ni aquí ni en redes sociales. Disculpas adelantadas.

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