Este año la editorial que publica mi libro no me ha llamado para acudir a la Feria del Libro de Madrid, como los tres anteriores. A decir verdad, yo no tenía muy claro lo de querer ir: el año pasado me salió por un pico y, como autista, ese rato de parecer normal y sentirme expuesta se me hace bola, por mucho que el balance siempre haya sido positivo. Pero aun así, me jode.
Y a ver, no puedo decir que me pille por sorpresa, sino que no lo había pensado: solo con ver las ventas del libro el pasado año, lo que he cobrado por esas ventas, una tiene que hacerse a la idea de que está ya amortizada. Y no me extraña. No me promociono en absoluto. Ni siquiera he tenido una presentación: esperé y esperé hasta ver si la editorial decía algo y nada, supongo que por eso de ser de provincias, en parte. Pero que yo también podría haber tenido algo de nervio, algo de iniciativa. Yo qué sé. Pero... En fin, no voy a justificarme, aunque podría.
Tampoco se me da bien dar la turra con mi libro. Me gusta que la gente me lea, conectar con otros a través de lo que escribo, pero no meterle a la gente mis versos por los ojos a presión. Yo no valgo para teletienda. Menos mal que me gano la vida sin necesidad de hacerme promo, porque si no me moría de hambre.
Y luego, lo poco que hago, tampoco lo muestro, porque no sé darme bombo. La semana pasada estuve dando una charla sobre mis poemas en un instituto. Esta semana voy a otro. La siguiente, a otro. Pero no voy a hacer promoción de mi libro: voy a hablar con adolescentes de poesía, de escritura, de emociones... Voy a resolver sus dudas y a que vean que la gente que escribe es... gente. A veces, al menos.
No estoy en camarillas poéticas ni en círculos culturetas, nunca me he sentido cómoda en esos lugares, no he sabido desenvolverme en ellos. Lo mío ha sido, como decía el Cyrano de Rostand, «llegar más bajo, pero sola, siempre sola». Una diría que no me meto en saraos y agrupaciones porque no me da la gana: en mi ciudad hay un movimiento poético bastante fértil, pero los pocos acercamientos que he tenido con él me han llevado a replegarme y no querer acercarme nunca, nunca, nunca más.
Así que, si lo esperaba, si es culpa mía, si no he hecho nada para evitarlo, ¿por qué me hace sentir tan descorazonada este final?
Yo solo digo que me da rabia, pero desde el egoismo. El resto lo entiendo perfectamente :)
Estoy a ver si me ilumina alguna idea para volver con la que me sienta cómoda. Nu sé.