Hace bastantes años leí una novela juvenil titulada Si decido quedarme, en la que una adolescente que ha quedado en coma tras un accidente parece tener la decisión de caminar hacia el lado de la muerte o el de la vida. El título me ha vuelto a la mente en los últimos días, supongo que porque nunca es tan fácil tomar la decisión. Y parece que mucho menos llevarla a cabo, ni siquiera cuando la ley te ampara.
Pienso en Noelia, claro. Pienso en que, una vez autorizada su petición de eutanasia por los profesionales pertinentes, tuvo que pelear contra su propio padre, que llevó su decisión (la decisión de una mujer adulta) a los tribunales una y otra y otra y otra vez. Todos los tribunales le han dado la razón, claro, pero los dos años y pico que se ha prolongado e incrementado el sufrimiento de Noelia no pueden repararse.
Si decido marcharme, si me veo en esa tesitura, llevada no por un impulso irreflexivo, sino por una determinación bien meditada, espero que quienes me quieren sepan quererme también entonces. Y si no puedo tomar esa decisión y alguien se ve llevado a tomarla por mí, espero sepa anteponer mis deseos a su dolor y hacer lo que yo hubiera querido. Debe de ser duro descubrir, en el momento de mayor vulnerabilidad de tu vida, que el amor que creías tener era condicional.