Hace un par de años trabajé con una señora estadounidense listísima. Se encargaba de, cada dos semanas, dinamizar una clase con mis criaturas hablando de algún tema de interés para mí, en tanto que docente titular, para ella, como auxiliar de conversación, y para las criaturas, que tenían que animarse a hablar en inglés. Se lo curró tela y yo disfruté mucho de esas clases, por no hablar de lo mucho que me dio que pensar. Por ejemplo, en el tema que te traigo hoy.
En los alrededores de San Valentín le pedí que preparase una clase sobre el amor romántico, problematizándolo en la medida que le fuera posible. Bueno, lo clavó. La presentación y la clase fueron interesantísimas. A mí se me clavó una pregunta: ¿Crees que te has enamorado alguna vez de la expectativa que tienes de alguien en lugar de enamorarte de esa persona? A ver, ella lo formuló mejor y en inglés, pero yo no recuerdo exactamente cómo lo hizo.
La cosa es que me hizo pensar: ¡Culpable! Cuántas veces me he enamorado del potencial de una persona y no de la persona en sí. Y qué injusta he sido conmigo y con esas personas. Con ellas, porque no he sido capaz de quererlas por lo que eran en ese momento, sino por lo que yo esperaba que llegasen a ser, empujándolas siempre a ser más, ser mejores, en definitiva, a ser otras. Y conmigo porque he asumido la responsabilidad de llevar de la mano a esas personas por el camino de superación personal de los cojones. No niego que puede que de fondo estuviese la idea de que no puedo tener lo que quiero si no le pongo trabajo. Yo qué sé, estoy rotísima.
La cosa es que yo no lo había pensado hasta ese momento y me da que es una idea que merece la pena examinar, porque creo que es algo en lo que muchas mujeres caemos con frecuencia. No es todo responsabilidad nuestra: nos han dicho que el amor lo puede todo y ahí están los referentes culturales, desde La Bella y la Bestia hasta Los Simpson, en los que una mujer inteligente se deja la vida en intentar arreglar a un patán, con mayor o menor éxito. Si te paras a pensarlo es una mentalidad muy especulativa: cojo algo que necesita una reforma, le meto trabajito y genero plusvalía. La materia prima unida a mi trabajo ha dado algo que ha incrementado mucho su valor. Je. Da miedo, ¿eh? Hasta qué punto el capitalismo está en todo.
En fin, no hay mucho más que decir. Si mantienes vínculos en los que, con frecuencia, sientes el impulso de arreglar a la gente...Dale una pensada a esto. Por si te sirve.