Me quejo mucho de mi profesión. Al fin y al cabo:
- No me gusta trabajar y
- Es una profesión dura.
Pero, probablemente no es dura por lo que la mayor parte de la gente piensa. Cuando digo que soy profesora de instituto, lo primero que suelen mencionar es a los adolescentes. Y bueno, no voy a negar que en los últimos tiempos nos enfrentamos a situaciones y retos bastante complejos, que desgastan mucho. Y tampoco voy a negar que ser mujer, progresista y docente supone recibir violencia de mayor o menor intensidad de forma cotidiana. Peeeeeeero los adolescentes son la razón por la que me apunté a esta movida y siguen siendo la razón por la que sigo (junto a que no hay otra cosa por la que me paguen como para sobrevivir, claro).
Cuando hablo con amigas maestras me dicen que ellas disfrutan mucho del trato con sus alumnos porque son más inocentes, más niños, más entusiastas y menos rácanos con el afecto. Es cierto que los adolescentes son otro estadio de la evolución del pokémon humano y, como tal, tienen sus particularidades. La apatía y la incapacidad de sentir no son dos de ellos: los adolescentes sienten y sienten con intensidad, en mi experiencia. Lo que pasa es que, en buena medida, se ocupan y preocupan mucho de ocultarlo. Hay que tener una mirada entrenada para darse cuenta de su afecto.
También es cierto que el adolescente es más selectivo que el niño a la hora de querer a un adulto, porque los adultos no entienden, no saben, les miran por encima del hombro, etc. Que un adolescente se sienta respetado, escuchado y seguro con una es el premio gordo: Incluso aunque no llegue a demostrarlo abiertamente.
Me siento muy afortunada. Puedo decir, aunque esto suponga pecar de arrogancia, que soy una persona querida por sus alumnos (no por todos, claro, pero sí en buena medida). Estas últimas semanas he tenido haciendo las prácticas del Máster de profesorado a un alumno al que le di clase en bachillerato. De vez en cuando me entran en el correo mensajes de antiguos alumnos preguntando por mí, pidiendo algún favor, invitándome a sus graduaciones si ya no estoy en su instituto... Y algún día que otro pasan cosas. Últimamente me han pasado dos que quiero compartir.
Hace unos días fui de visita a dar una charla en calidad de escritora. Mientras esperaba allí en la entrada del centro con la coordinadora de la actividad veo aparecer por el rabillo del ojo una figura que se acerca a mí con mucha velocidad. Cuando me giro y le veo de frente veo que viene con los brazos abiertos hacia mí, y le reconozco. Es R., fue alumno mío el curso pasado, en Bachillerato, pero la cosa no cuajó. R. no era un "buen estudiante" porque no estaba donde él quería estar. Pues bien, cuando vio los carteles de mi visita, el menda lerenda se fue a Jefatura a pedir permiso para salir de su clase y venir a la charla a saludarme. Finalmente lo pudo hacer al final de la clase anterior, lo que nos permitió hablar un buen rato. Se le veía tan contento de verme, me pareció tan lindo que se tomara esa molestia... Y bueno, eso por no hablar del par de abrazos, el de bienvenida y el de despedida, que me dio, que me dejaron la pila recargada para tres días. ¿No os parece lindísimo, y más viniendo de un ex alumnO? Porque en esto me da que el género también importa...
Pues hoy1 he tenido otro momento. Unas alumnas me buscan, me dicen que si pueden hablar conmigo en el recreo. Les digo que claro, que por supuesto. En el recreo vienen y nos vamos a un aula, yo pensando que tienen alguna duda... Y me dan una caja. "Ábrela", dice una. "Pero lee primero el interior de la tapa", dice la otra. Y escucho: "Espero no haberme equivocado con la fecha...". Pues bien, leo la tapa y hay una carta preciosa y unas instrucciones. Básicamente me dicen cosas bonitas y que, como me caso en un año, han preparado 13 sobres, empezando justo un año antes de la fecha de la boda, siguiendo ese mismo día de cada mes faltante, y acabando el día de la boda. Cada uno contiene una vela e intuyo que algo más. No puedo esperar a abrir el primero (pero lo haré).
Me parece un currazo. Una molestia tremenda cuando en 2º de Bachillerato tienen cosas mejores y más urgentes que hacer, cuando el tiempo libre escasea y seguro que hay mil opciones mejores para dedicarlo que prepararle una sorpresa a tu profesora. Pero lo han hecho. Me parece tan precioso...
Como decíamos ayer... Que me siento querida, que siento que hay adolescentes que me consideran digna de su afecto, de su confianza, de su consideración y cariño. Y que eso, aún después de muchos años, sigue pareciéndome una bendición, y espero que no cambie nunca.
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tuve que interrumpir la escritura de este post porque mi tranquila guardia en el aula de expulsados se vio interrumpida por la llegada de una estudiante... Que llegó muy enfadada pero llegó contándome toda su movida, pidiéndome consejo y despidiéndose con gratitud al irse. Tengo talento para esto, se ve. ↩