Jodida, pero no sorprendida

No estamos todas...

... faltan las muertas.

Es uno de los lemas que recuerdo de mis primeras manifestaciones del Día de la Mujer, el 8 de marzo. Siempre me ha gustado esa manifestación (aunque en los últimos años todas las manifestaciones hayan tenido algún momento de incomodidad para mí, pero es también convivir, gestionar las incomodidades). Me resulta catártico verme ahí, entre un montón de mujeres de todas las edades, compartiendo espacio y tiempo, exorcizando la frustración y la rabia, trabajando la esperanza. No soy muy de multitudes (por decirlo suave), pero la manifestación del 8 de marzo es una de las pocas multitudes de las que vuelvo con más energía de la que salí.

Volviendo al lema: me gustaba pensar que las que teníamos la suerte de sí estar allí recordábamos que había otras mujeres que no podían estar. Que no habían sobrevivido al patriarcado.

Poco a poco se fueron incorporando otros lemas. El año pasado escuché No estamos todas, faltan las locas, en recuerdo a las mujeres psiquiatrizadas, internas en centros o recluidas en sus casas, tuteladas por terceros o adormecidas por la medicación. Me gustó también que se las trajera a ellas.

Este año no he ido a la manifestación del 8 de marzo. Estoy exhausta. La lucha con el mundo me resulta agotadora, y en esa lucha hay una ración bien grande de lucha contra el patriarcado. Mi trabajo es más difícil para mí porque soy mujer. Tengo que demostrar mi valía más porque soy mujer. Y cada día es una batalla porque soy mujer y elijo batallar. Elijo no callarme ante los comentarios machistas u homófobos de mis alumnos. Elijo desafiar los desprecios que me hacen. Elijo blindarme ante la condescendencia de mis compañeros. Es agotador.

Así que este fin de semana he dormido casi 10 horas del viernes al sábado y casi 10 horas del sábado al domingo. Y han sido solo casi 10 horas porque el despertador ha intervenido. Mi cuerpo y mi mente están al límite y tirando de reservas. Así que he tenido que renunciar a la catarsis, a la compañía, a uno de esos momentos del año en los que la batalla cotidiana se siente menos solitaria.

Así que tal vez habría que ir empezando a ampliar las consignas. No estamos todas, faltan las... cansadas, asustadas, precarias, amenazadas, enfermas, y otras cuantas, supongo.

Y me cuento esto para consolarme. Hago mi parte desde mi poder cada día del año. Pero no puedo evitar que me entristezca no tener las fuerzas de haber salido a la calle hoy.

Hermanas, os he echado de menos.

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