Esta mañana un amigo me mandaba ese mensaje. Paradójico, ¿no? Que alguien se disculpe por haber perdido el contacto requiere contacto, por lo tanto no estará tan perdido el contacto, ¿no? Entiendo el sentido. Mi amigo es una persona con la que he tenido contacto de mayor o menor intensidad a lo largo de varios años: periodos de mucho contacto seguidos de semanas o meses de silencio absoluto. Antes no era tan llamativo porque, aunque no hablábamos por privado, nos veíamos en las redes sociales, lo cual nos situaba en una cierta ilusión: la de saber cómo le iba la vida al otro o a la otra. En fin, él ha abandonado finalmente mastodon y yo paso de bluesky y he cerrado mis otras redes. Así que bueno, solo nos queda Telegram, de momento. Y ahí había bastante silencio de radio. Pero se ha acordado de mí, y me ha escrito, me ha preguntado por la vida, yo he hecho lo propio y ha sido bonito saber que alguien me piensa. No me hace falta más. Por supuesto, le he contestado muy seriamente a su disculpa y, para eso, me ha venido muy bien una conversación que tuve el sábado pasado.
Lo que se ve desde detrás del visillo no es la vida.
El sábado estaba de reunión anual con mis amigos de la adolescencia. La vida nos pone difícil vernos más, por desgracia. La cosa es que salió el tema de Instagram y un amigo decía que se resistía a cerrar Insta porque tenía la sensación de que se iba a descolgar de la vida de muchos vínculos que tiene en otras ciudades y con los que no mantiene un contacto diario: son gente que le importa, quiere que les vaya bien, quiere saber que les va bien, pero no tiene la capacidad de estar escribiéndoles mensajes y demás.
Yo entiendo que eso dé miedo, de verdad. Intentaba, no obstante, hacerle ver que ver Instagram es parecido a lo que hacen las «viejas del visillo» en los pueblos: lo que ves no es lo que hay, es lo que captas en un instante. Menos real es todavía Instagram: yo decido qué pongo, cuándo, cómo. Puedes estudiarte el Instagram de una persona de arriba a abajo y estar más alejada de saber cómo va su vida que antes de empezar. No obstante, como digo, entiendo el miedo y el «mejor eso que nada». Sobre eso nada tenía que decir.
Entonces otra amiga dijo algo que me pareció muy interesante:
«No podemos sostener todos nuestros vínculos de la misma forma»
Ella ha vivido en varias ciudades de dentro y fuera de España y contó que, después de vivir en Chile, al volver, no vivía ni aquí ni allí: estaba constantemente pendiente del ordenador, de los correos electrónicos y las comunicaciones de la gente de allá, durmiendo poquísimo para vivir aquí, en España, y, a la vez, mantener el contacto sincrónico con su gente de allá. «Un día», dijo, «me dí cuenta de que tenía que dejar ir, porque la vida es eso: no se pueden sostener todos los vínculos de la misma forma, simplemente no se puede».
Me hacía falta escuchar eso, ¿sabes? Siempre he tenido la sensación de que había algo defectuoso en mí por no mantener demasiadas relaciones de larga duración, pero es que a veces la vida lo pone complicado y yo no tengo especial habilidad para eso. Antes era más sencillo de asimilar: si te mudabas de ciudad se asumía que el contacto se iba a perder. Quizá podías mandar cartas de vez en cuando, o llamar por teléfono alguna vez. Pero el tiempo y la distancia iban haciendo lo suyo. Si, por una casualidad, volvías al lugar de origen y te cruzabas con esos seres queridos probablemente os saludaríais con alegría, nostalgia y emoción. Incluso propondríais tomar algo y poneros al día. Y al volver a marchar, pues cada persona volvería a su vida y en paz. Es bonito, es orgánico.
Ahora, sin embargo, con eso de estar hiperconectados parece que esa opción ya no existe: hay que hablar con todo el mundo, todo el rato, una no puede bajar la guardia, dejar de escribir mensajes, dejar de dar likes, dejar de estar al día de los más nimios detalles de la vida de todo el mundo al que quiere o aprecia. ¡Es agotador!
No hacía falta una disculpa.
Por eso le he dicho a mi amigo que no hacía falta una disculpa. Que se ha acordado de mí y me ha escrito, por lo tanto no hay contacto perdido que valga. Que no se pueden sostener en plano de igualdad todos los vínculos (lo siento, Tània, me quedo tu frase) y que en todo caso debería darle las gracias por pensarme y hacérmelo saber.
No sé, ¿no os parece que vivir como se supone que se debe es complicadísimo y absolutamente agotador? Lo mismo esto ya no tocaba en este post, pero es que te prometo que estoy que no doy más de mí. Vamos a dejarlo aquí, supongo.
Supongo que necesitaba leer esto. Gracias.
Pues me alegro de haberlo dicho entonces 👍