Jodida, pero no sorprendida

Libro: "Las hijas horribles", de Blanca Lacasa Carralón

En junio estuve en la Feria del Libro de Madrid. No es un evento que me guste demasiado como lectora: demasiado masificado. Supongo que por eso, porque no me gusta demasiado estar paseándome entre la marabunta de gente, mi botín no fue significativo. La joya de la corona, de hecho, no fue cosa mía. #Ingeñero aprovechó para dar un paseo mientras yo firmaba y traerme un regalo: Las hijas horribles de Blanca Lacasa Carralón, publicado por Libros el KO. No sé cómo leches llegó al libro, pero que lo viese y de alguna manera pensase en mí, que no apartase la mirada de mi herida sino que la acepte, me hace quererle más todavía.

¿Qué encontrarás en Las hijas horribles?

Las hijas horribles no es un libro autocomplaciente: no va a decirte que pobrecita tú y qué mal lo hizo tu madre. Tampoco lo contrario: en absoluto va a salvar a las madres o a justificarlas en el daño que han hecho. He de decir, no obstante, que desde donde yo me alzo y me sostengo, no siempre ha sido el libro que yo necesitaba leer, precisamente por eso: intenta que las hijas entendamos que no somos hijas horribles poniendo en contexto a las madres para dejar claro que no hay nada malo en nosotras, que la culpa no es nuestra. En ese ejercicio puede parecer que se las justifica, sobre todo si se lee el libro desde el trauma, como me pasa a mí. Supongo que si se toma cierta distancia se comprende la postura de la autora. Por otro lado, intenta alejar a las hijas de la victimización en la que, lo reconozco, es fácil caer: la culpa de todo es de mi madre. En ese proceso incide en la necesidad de hacernos cargo de nuestro presente y de tomar las decisiones necesarias y poner en práctica las acciones convenientes para nosotras. Y eso también, a veces, puede escocer. En fin, si te has sentido una hija horrible no es un libro cómodo. Tampoco creo que nadie esperase un libro cómodo viendo el título y la temática, claro.

La autora desgrana a lo largo del libro multitud de referencias de especialistas en psicología, sociología, feminismo, etcétera. He de decir que, me congratula, además, que entre las obras citadas haya varias lecturas que ya tenía pendientes: se ve que el libro está en mi campo de interés. Asimismo, recoge testimonios de hijas horribles, bien de la literatura, bien de mujeres entrevistadas que cuentan sus vivencias personales con sus madres (y, en menor medida, con sus hijas e hijos). Y esto sí me ha parecido verdaderamente reparador. Sé que mal de muchas, consuelo de tontas, pero es que no se trata de un consuelo: se trata de que un dolor así, compartido, permite retirar el foco de una. Es verdad que la culpa no era mía porque la madre de esta señora con la que probablemente no tengo nada en común le hizo lo mismo, le dijo lo mismo. También es interesante, si eres amante del cine, analizar las referencias cinematográficas a las que la autora hace mención. He de decir que como no soy una gran cinéfila, esa parte me ha pasado más por lo alto, aunque reconozca su interés.

¿Qué he echado en falta en Las hijas horribles?

Un poco más de claridad y distinción, que diría Descartes. En el libro se entremezclan historias de dependencia un tanto problemática, historias de maltrato psicológico, historias de abandono. Y aunque todas ellas comporten relaciones complicadas con la madre, no todas son lo mismo. A lo mejor esta soy yo resistiéndome al mensaje del libro, no lo sé, pero creo que no acaba de distinguir bien entre lo que puede ser una relación problemática o poco sana entre madres e hijas de lo que puede ser una relación de maltrato o abuso y, en ese sentido, algunas recomendaciones o posturas me parecen poco adecuadas. ¿Que debería estar claro cuando algo es maltrato o abuso y cuándo no, especialmente para una mujer adulta? Puede, pero no siempre lo está, y menos en lo que respecta a la familia, que es lo que normalizas desde pequeña. He de reconocer que en más de un momento me he encontrado reevaluando mi experiencia y diciéndome "¿Y si estás siendo una exagerada? ¿Y si no fue para tanto?". Y mira, no. Por ahí sí que no, nada de volver a hacerme luz de gas.

¿Recomiendo Las hijas horribles?

Pues sí. Sí porque da mucha información sobre cómo se construye el vínculo entre madres e hijes, cómo los roles de género configuran de forma especialmente tortuosa la relación entre madres e hijas, cómo el patriarcado ha amputado la vida de las mujeres desde generaciones y cómo ese trauma se perpetúa si no se hace nada para pararlo (y creo, chavalas, que esa misión es la que le toca a nuestra generación). Además, lo hace desde un tono muy atractivo: no especialmente serio, aunque no banal, no es tedioso, de vez en cuando hay toques de humor, pero no deja de ser respetuoso... Y, sobre todo, porque creo que nos puede ayudar a reconciliarnos con nosotras mismas como hijas (lo de reconciliarnos con nuestras madres lo dejo para cada una). Incluso si tu relación con tu madre es estupenda, puede ser interesante leerlo para entender e identificar qué pasa a algunas amigas tuyas, a otras mujeres de tu vida.

En fin, me parece que este va a ser un libro que voy a regalar mucho (de hecho, ya he empezado a hacerlo).

Espero que, si llegas a leerlo, me cuentes qué te ha parecido.

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