Hoy he escrito un poema con el mismo título que este post. Ya, ya sé, es un poco exagerado. Pero el poema ha venido a cuenta de la disonancia que me provoca vivir últimamente1. Una vive su vida normal, va al trabajo, tiene conflictos familiares, se regala algún capricho, sale a tomar una caña, va al parque a ver los renacuajos, lee libros... En fin, hace lo que suele hacer como si no pasara nada. Pero entonces una pone la televisión, enciende la radio o se mete en cualquier red social y se da cuenta de lo jodidamente mal que van un montón de cosas: dementes amenazando con hacer desaparecer civilizaciones enteras (y con el poder para hacerlo), guerra, hambre, aumento de la temperatura global, movimientos económicos frenéticos, aumento de los precios de todo, ...
La disonancia es aún mayor si cabe ahora. He vuelto a casa embriagada de olor a azahar, disfrutando del escándalo que es la primavera en mi ciudad, con flores haciendo lo suyo locamente en cada esquina, después de tener un encuentro con adolescentes para hablar de poesía, tras haberme encontrado, por sorpresa, con un exalumno que me ha dado un par de abrazos que me han dado ganas de vivir para varios días. Y entonces, las noticias. Los mensajes del tarado ese que se cree el rey del mundo, los desplazados de Líbano, las mentiras 2 de la IA... ¿Cómo se navega la situación actual desde la cotidianidad sin perder la cabeza? Si alguien lo sabe, que me lo cuente.