Jodida, pero no sorprendida

La ideología y la vida.

Hace unos días asistí a una graduación de Bachillerato. Este año he tenido el dudoso honor de ser tutora de un grupo y profesora de dos completos y otros 2 parcialmente. No había manera de escaparse.

Tampoco tenía ganas de hacerlo, ojo. Aunque este tipo de eventos me dan una soberana pereza y suelo huir de alargarlos demasiado (ni cena después ni fiesta con ellos), sí me gusta participar de la ceremonia, de verlos con sus vestidos y sus trajes, de los discursos (o, al menos, de los detalles que se salen de lo manido), de la alegría y la celebración.

Hay un momento, no obstante, en el que lo paso regulinchis: el de la imposición de las becas. El contacto físico me genera incomodidad y ahí una tiene que hacer de tripas corazón y dar abrazos y besos. Pero tampoco sé si a todos los alumnos, o a unos sí y a otros no. Si abrazo y beso o solo abrazo, o solo beso, o mano o qué. Total: que es un momento tremendamente incómodo y rarísimo. Los que dicen que no se me nota el autismo deberían verme ahí.

Este año, además, hubo un momento intensísimo durante la imposición de becas. Los alumnos y alumnas intentan ponerse delante del profesor o profesora que mejor les cae, con el que más afinidad tienen... En fin, lo normal. Así que, para mi tremendo gozo (y para dificultar lo del contacto físico) suelo acabar teniendo delante a mi alumnado más particular, menos normativo. Por lo que sea. En uno de esos momentos tuve delante a una alumna trans, perfectamente enmascarada, con su traje impoluto, sus zapatos planos de vestir, etc. etc. que ya me había contado que ese día sería ella misma también de cara al exterior. Yo sabía que se había comprado un vestidazo y unos tacones eternos, que estaba ilusionadísima. Que el atuendo estaba esperándola en casa de una amiga, para ir a cambiarse luego, después de la cena. Necesitaba, me contó, tomar aire, coger fuerzas para contárselo a su familia. Está esperando a cumplir los 18 años en unas semanas.

Cuando estuvo delante de mí le susurré que estaba muy orgullosa de ella. Le puse su beca, le di un abrazo inmenso. Me respondió: "Me habría encantado poder hacer esto con mi vestido". Y se me rompió el corazón. Podría haber llorado, pero tiendo a responder bien en estos momentos. Le dije: "Guarda bien la beca y cuando estés lista repetimos la foto". Sonrió con tristeza. Pero sonrió.

No dejé de pensar en ella ese día y el siguiente. Aún de vez en cuando se me viene a la cabeza. ¿Cómo le habría ido? ¿Se habría atrevido a ponerse el vestido? Seguro que no le ha pasado nada, me lo habría contado cuando me escribió para contarme qué tal en la Selectividad. ¿Habrá hablado con su hermana?

Pero, sobre todo, pienso mucho en la necesaria subordinación de la teoría a las realidades. Esto es bastante problemático, pero como feminista, soy bastante crítica con el concepto de género y sus expresiones, con todo lo que implica en tanto que corsé para el desarrollo de las personas y para su discriminación y limitación. En el plano teórico, me apasiona el debate y me obsesionan los problemas que mi corpus ideológico tiene. Porque luego está la realidad. Y yo a mi alumna no puedo hablarle de la abolición del género, como si su sufrimiento fuera elegido. Ahí tengo a otra protagonista de otra versión de La mala costumbre llevando ropa en mochilas, cambiándose donde puede, batallando por ser. Y como persona, mi inclinación fundamental es intentar aliviar el dolor de quien sufre en la medida que puedo. Y esto me importa más que la teoría. Estoy segura que mi experienca humana es la que acaba modelando mis principios y convicciones y no a la inversa.

Escribo esto ahora porque hace un rato me he cruzado con un compañero que le dio clase y me ha dicho que la vio en la fiesta posterior, hecha una reina. Que él no sabía, que imaginaba, quizá. Que la saludó con alegría, que espera que no se sintiera incómoda. Que se alegra mucho de que esté dando esos pasos bien rodeada de sus amistades. Y al final de todo, aunque el momento de la graduación fue agridulce, me alegra saber que saltó esa barrera y que entre mis compañeros hay quien la ha visto y reconocido. Que el mundo es hostil, pero tal vez no tanto como imaginamos o esperamos. Y creo que tengo que repetirme esto, aunque tal vez sea mentira, para seguir creyendo.

Thoughts? Leave a comment

Comments
  1. bart — Jun 8, 2026:

    me gustó mucho leer, que a pesar de tu dificultad con ciertas cosas, haces el esfuerzo por tus alumnos, se ve que sientes compromiso con ellos, eres una gran maestra por lo que veo :)

    y creo que hay momentos en los que por más cosas que uno pueda decir, lo más importante es estar ahí y tú lo hiciste. grande :)

  2. jodidaperonosorprendidaJun 11, 2026:

    Lo intento, al menos.

  3. Fede — Jun 12, 2026:

    Recientemente un chaval del club de atletismo ha dado el paso y ha empezado su transformación. Todo ello tras varios intentos de suicidio y una depresión de caballo. Ahora se le ve más feliz que una perdiz y es cuando te das cuenta de lo importante que es este tema, cuando te toca directamente. Ojalá todos tengan fuerzas para ser lo que quieren ser y ojalá la gente deje de sorprenderse y comportarse como unos gilipollas. Un saludo y enhorabuena por las perlas que vas soltando en tu blog.