Aviso de contenido: imagen corporal, peso, ideales de belleza, TCA y dismorfia corporal
Llevo unos cuantos días con el guapo subido. Los paseos de ida y vuelta al trabajo, a pesar de la protección solar, me han dorado un poco la piel de la cara, lo cual ha provocado un efecto en cadena maravilloso: disimula mis ojeras, resalta mis ojos y ha dotado a mis mejillas de un tono que no recuerdo haber tenido nunca y que, en cualquier caso, es muy favorecedor.
Supongo que será por eso que, cuando me miro al espejo del baño, pelo recogido y todo, me veo guapa. Me gustan mis pómulos, mis labios, mis ojos, mi barbilla. No me veo ninguna pega (y no me apetece ponerme a buscarla). Estoy guapa. Y me sonrío.
Pero luego se amplía el plano y todo se viene abajo. Cuando me miro en un espejo de cuerpo entero me veo enorme. Mis muslos, dos ballenas blancas. Mis piernas completas dos deformes columnas sin pizca de elegancia que, para colmo, están bien ribeteadas de arañas vasculares. Vientre, hinchado. Mis caderas y mi trasero, enormes, apretados en los pantalones que hace un par de años me quedaban perfectos. Mis pechos caídos y sin gracia, demasiado grandes siempre, pero si en algún momento la juventud y la tersura les salvó, ahora no hay manera de salvarles. Los brazos, flácidos. Bueno, no del todo. Están fuertes, hay músculo debajo. Pero... no se nota. Me veo como cuando pesaba 40 kilos más. Y no puede ser, en el peor de los casos llevo 4 o 5 tallas menos. Pero me veo así. Los espejos me devuelven esa imagen.
Sé que es una racha, que desde que mi peso se «estabilizó» las he ido teniendo. Que tener que pelear un poco más para abrocharme el pantalón las desencadena, igual que notar que la blusa del uniforme del coro me aprieta en el pecho o sentir que la cremallera de un vestido se atasca (aunque no tenga que ver nada con la anchura o estrechura del vestido). Pero que sea una racha no elimina el sufrimiento: en los días buenos no me gusto. En los días malos me doy asco.
Y la puñalada estos días está siendo especialmente dolorosa, porque verme tan bonita cuando me miro a la cara y tan horrible cuando me veo al completo me lleva a una frase bien odiosa de mi infancia, que me hizo daño hasta lo indecible y que me repitieron unas y otras como si me estuvieran diciendo un piropo y no señalando mis carencias: «Con lo bonica que eres de cara, si adelgazaras un poco...»
Así que ahora ya no me siento guapa de cara siquiera. Me siento como una mierda. Y entonces me abrazo: delgada, gorda, guapa o fea, me han hecho mucho daño, a la niña y adolescente que fui le hicieron mucho daño, y la mujer que soy sigue curando heridas de aquella época que aún palpitan.
Demasiado bien estamos.
¿Qué quieres que te diga reina? El amor empieza por uno mismo. Si tú no te quieres, difícilmente te querrán.
Se tu misma y estate atenta. Mira a quien le caes bien y ve arrimándote. A quien le caigas mal, que le den mucho por culo.
Mi mujer ni es, ni ha sido, y no creo que lo sea, un pibón, pero la quiero con locura, y aunque suene a tópico, la quiero por lo que hay dentro, no por lo de fuera.
También es verdad que es mi primer y único amor, y eso siempre ayuda.
Un saludo y ánimo. ¡Quiérete! :-)