Hoy, mientras veía The last of us he vuelto a darme cuenta por enésima vez de algo que me deja tranquilísima: en las ficciones audiovisuales postapocalípticas nunca falta el rímel. ¿Te habías fijado? Y fíjate que The last of us es una serie que se precia por no querer presentar a sus personajAs como monísimas y estupendísimas, pero aún así las pestañas de Abby tenían que verse infinitas. Y bueno, no juzgo a nadie, todas sabemos lo que hacen unas pestañas maquilladas a un rostro, por muy en el fin del mundo que tenga que estar una.
Ya, ya lo sé, es ficción, pero la ficción también nos mete goles y configura nuestro mundo, moldea nuestras creencias, afecta a nuestro sistema de valoración y, por supuesto, a nuestro criterio estético.
Claro, luego una se tiene que reír (por no llorar) cuando cualquier BRO se pone a pontificar en una red social, en el perfil de una app para ligar o incluso en un bar, delante de tu puta cara, sobre cómo las mujeres (je, todas) están más guapas (objetivamente, es un estudio de la universidad de Susco, en el condado de Jones) sin maquillaje. Ay, José Luis, que te has tragao hasta el fondo lo del no-makeup makeup y te has creído que las mujeres se levantan sin ojeras, sin granos, sin rojeces, con las pestañas larguísimas, las cejas definidas y un saludable tono sonrosado en las mejillas. Luego aparece una así, sin más, a cara lavada y con el pelo recogido moño en alto y le toca comerse un: «¿Estás bien? Tienes mala cara...» No querido, no, esta es mi cara de sin maquillaje. Y la de cualquiera. Que luego viene el shock cuando encuentras a la actriz con la que te pajeas en un post de celebrities without makeup.
Pero claro, cómo va una a tener esperanza en reivindicación alguna, si, como ya he dicho, hasta en el apocalipsis hay rímel...