Jodida, pero no sorprendida

Alhajas

¿Es una costumbre más o menos extendida lo de regalar joyas (joyas de verdad, no bisutería) a las mujeres cuando se convierten en madres? El otro día, cuando llegamos a casa de los padres de mi pareja, encontramos que su hermana, que se casa pronto, estaba haciendo probaturas de joyas para llevar ese día. Finalmente llevará unas joyas que son herencia familiar. La madre de mi pareja nos contó que esos pendientes y ese colgante se los regalaron a su madre (la abuela de mi pareja y su hermana) el día en que la parió a ella: su marido el colgante y su suegro los pendientes. Pero es que hace unos meses, en un retiro del coro, una compañera contaba que poco menos que exigió a su marido un reloj bueno cuando parió a su primer hijo «para llevar la cuenta de las tomas y eso», dijo. Y lo que le pidió fue un Rolex de acero y oro que llevaba puesto en ese mismo momento. Alguna otra compañera hizo mención del regalo que había recibido de su marido tras convertirse en madre. No había más Rolex, pero sí otras joyas. Empiezo a pensar que esta es otra de esas costumbres de las que nadie me había contado nada.

En mi familia no hay joyas, nadie las recibe ni la regala. Mis padres tienen sus correspondientes alianzas de boda y, además, mi madre tiene un anillo solitario que heredó de su misteriosa y malograda tía (de ella, de su vida y de cómo llamó a mi madre desde la tumba para que la encontrase, a lo mejor os hablo otro día) que me temo que yo no voy a heredar. No sé a ciencia cierta si, joyas aparte, mi madre recibiría algún regalo por traerme al mundo pero estoy casi segura de que no. En mi familia, pobre de solemnidad, cualquier excusa era buena para no gastar: si cumplías con tu obligación no merecías un premio. Así, igual que no se nos daban premios por sacar buenas notas, imagino que a las mujeres no se les daban premios por parir.

Yo no voy a ser madre, pero no me imagino en la situación de recibir joyas buenas por haber parido, ni un Rolex, ni nada que se le parezca. Tampoco creo que vaya a casarme, pero he de reconocer que he fantaseado en alguna que otra ocasión con la típica proposición que incluye un anillo de compromiso bueno, de oro, con alguna piedra preciosa. Una chica puede soñar con sentirse como una princesa alguna que otra vez en su vida, ¿no? Y, como ya he dicho, no hay muchas alhajas familiares que heredar.

Podría regalarme yo las joyas, supongo. Ir a una joyería fingiendo que me merezco cualquiera de las cosas que tienen expuestas (je, eso iba a estar gracioso, si llegase a conseguirlo) y comprarme unos pendientes o un anillo. Quizá una pulsera para las ocasiones especiales. Guardar mi tesoro en un joyero bonito y mirarlo en los días tristes. Sentirme verdaderamente especial cuando decida usarlo. Y, quién sabe, empeñarlo en los últimos días de mi vida para gastarme el dinero en coctails en un todo incluído con vistas al mar.

Pero esa no es la cuestión. Incluso aunque venciera todas las barreras y consiguiese comprarme una joya seguiría sin tener la experiencia que relato: la deque alguien reconozca e intente retribuir con algo valioso, aunque sea de forma bastante torpe, que una ha obrado una hazaña, algo cercano a un milagro.

Supongo que eso nunca va a pasarme.

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