Jodida, pero no sorprendida

Alguien te recuerda con amor

Llevo días queriendo escribir esta entrada, pero hoy hablaba con mi amiga Ana cuando le ha saltado una notificación de su ex: He visto esto y me he acordado de ti. "A ver qué puerta hemos abierto, amiga", me ha dicho ella. Pues resulta que el mensaje contenía un fragmento de un concierto de música clásica en la Ciudad Prohibida. He visto esto y me he acordado de ti: qué maravilla esa frase unida a algo tan hermoso.

Hace unos días estaba yo pensando en alguien. No se lo dije, claro, porque, si bien es cierto que suelo defender que si piensas algo bonito de alguien tienes que decírselo, también es cierto que he crecido lo suficiente como para saber que esos avances no siempre son bienvenidos, que a veces suponen poner a palpitar una cicatriz apenas curada. Y no a todo el mundo le gusta llevar la lengua al hueco que deja el diente. Pero le pensé con cariño, con ternura. Deseé que ojalá su vida esté yendo bien, que esté haciendo cosas que le apasionan, que sienta que está andando un buen camino. Le recordé para desearle lo mejor, aunque esa persona no lo vaya a saber nunca.

Volvió a pasarme hace poco: leía un poema que comenzaba con el verso Escuchar a Bach. Y entonces pensé en él. Que ojo: no se lo merece. Pero no puedo evitar pensar en él cuando escucho a Bach o cuando alguien lo mienta, cuando salta en mi playlist alguna de las piezas que él me enseñó (Corcovado, Chick, Morente). O cuando alguien nombra Murcia. Y le recuerdo sin rencor (y tendría motivos), sin desearle mal y sin pensar en primer lugar en lo malo. Recuerdo los conciertos privados, perder la noción del tiempo, aquel mes que viví sin dormir y sin sueño, el Faro de Cabo de Palos, las ruinas de Cartagena y aquellos días en que la cara me dolió de sonreír. Y a pesar de todos los momentos grises y de todos los dardos venenosos, agradezco.

No solo me pasa con los ex: también con las amigas. Con casi cualquier persona que haya sido importante en mi vida y ya no esté: de pronto cualquier cosa les trae a mi mente y mi corazón se llena de buenos deseos y alegría. Será porque la luz viaja más rápido que cualquier otra cosa. Solo más tarde recuerdo, y no siempre, el daño, si es que lo hubo.

Hay únicamente dos personas en mi vida a las que recuerdo siempre con rencor. Una más que a otra, porque de la primera puedo recordar, si me esfuerzo, algún buen momento y suelo asegurarme de recordar algunas cosas que tengo que agradecerle. Pero de la segunda, con la que compartí casi 10 años de mi vida, no recuerdo nada bueno. Nada. Y cuando la pienso no queda en mi espíritu un ápice de buenas intenciones. Esas son mis dos únicas excepciones.

Estas son mis estadísticas. Así que si, haciendo un ejercicio salvaje de generalización indebida, extrapolamos los datos a tu vida, a toda la gente con la que te has cruzado, incluso a aquella de la que acabaste separándote de malas maneras, estoy segura, segurísima, de que hoy alguien te ha recordado con amor, cariño, ternura o cualquier otro sentimiento de la familia.

Espero que el pensamiento te resulte reconfortante.

Thoughts? Leave a comment