Jodida, pero no sorprendida

Ajuar

Me gustaría que esta entrada fuese a tratar de Ajuar, el duo de señoras madrileñas que hacen una actualización del folclore tradicional bien chula, fresca y feminista. Echadle un vistazo a su Bandcamp, ahí enlazado, porque merecen mucho la pena.

Pero no, no vengo a hablar de ellas. Vengo a hablar, cómo no, de mis traumas. Bueno, no lo sé. Vengo a intentar descubrir si tengo que tener un trauma nuevo, o mejor dicho, si hay una nueva manifestación de mis traumas antiguos. Yo qué sé. Demasiao bien me mantengo.

La cosa es la siguiente: ¿a vosotras os han preparado ajuar vuestras familias? Ya sabéis: enseres domésticos, menaje, ropa de cama, toallas... Esas cosas que una persona necesita cuando se va de casa. Sé que lo tradicional era que se les preparase a las muchachas (y que ellas mismas empezasen a contribuir en cuanto tuviesen edad, ya fuera bordando, tejiendo, lo que fuese), pero ya he conocido casos en los que se les prepara también a los hijos, ya no con tanto componente utilitario, sino como una especie de ofrenda o gesto cuando salen del nido para volar por su cuenta.

Es que el otro día hablaba con la familia de mi pareja, y contaban que ellos habían comprado ajuar por igual a mi pareja y a su hermana. Y entonces caí yo en que yo no tengo ajuar. Nunca lo he tenido. Al menos no viniendo de mi madre. Recuerdo que cuando estaba a punto de mudarme a mi piso, la madre de mi entonces pareja empezó a preparar un ajuar mínimo, de manera informal. Iba comprando cosas que veía útiles y las iba guardando. Salvo esos regalos, todo lo demás que hay en mi casa lo he comprado yo.

No es por la cuestión material, por supuesto. Puedo comprarme unas sábanas o un juego de toallas si los necesito (no siempre ha sido así). Es por el cuidado. Por el cariño. Por ese pensar en el futuro de la hija o del hijo que supone preparar algo para cuando sea mayor, para cuando se case. Para cuando le haga falta.

Sea como sea, no tengo ajuar. Mi dote es más pequeña que la de Inesilla y el Brillante.... Sobre todo porque en su caso, «aunque el dote era pequeño el cariño era muy grande».

Estar en un punto de mi vida en el que me voy sintiendo conforme, segura, querida, cómoda cuidada tiene su parte buena, muy buena, excelente... Pero también la mala, y es que me estoy haciendo consciente de que mirar a mi pasado, a mi infancia, adolescencia y primera juventud, es mirar a la cara a la carencia. Y de eso nadie sale indemne. Como ya he dicho antes: demasiao bien estamos.

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Comments
  1. Anonymous — Jun 9, 2026:

    Guau, yo no pensaría que alguien lo preparaba con tanta antelación y cariño a estas alturas. En mi caso, cuando me fui de casa, pues buscamos algunas toallas de casa que pudiera llevarme para mí, 3-4 cubiertos de alguna cubertería vieja que andase por algún cajón, sábanas que sobrarán... Pero no fue hecho ni comprado a conciencia para mí, qué va. De lo que no había ya me compré yo y aún recuerda el agujero de presupuesto que supuso comprar mi primera tabla de cortar.

  2. jodidaperonosorprendidaJun 11, 2026:

    Pues se ve que sí, sí. No tuvimos esa suerte, se ve :P

  3. Fede — Jun 12, 2026:

    Mi madre me preparó unas toallas y unas sábanas al punto de cruz. Mi mujer le tiene tanto aprecio, (a ella no le hicieron nada), que más de 20 años después siguen sin estrenar.