Jodida, pero no sorprendida

«Acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino»

En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el paraíso

Son fragmentos del Evangelio de Lucas. Una, que ha aprendido de pe a pa el catecismo y que ha estado más metida en la Iglesia de lo que es bueno para cualquier persona, no puede evitar que, cuando escucha, lee o vive según qué cosas, se le vengan encima citas bíblicas.

Hace poco leí algo que me hizo pensar en esta en concreto. Para las que no sepáis de qué leches se habla aquí (he constatado en los últimos tiempos con cierta estupefacción que hay gente que no tiene ni idea de algunos de los episodios más célebres de las historias de la Biblia), es la breve conversación que se da entre «el buen ladrón», uno de los dos que crucificaron junto a Cristo, y este. Mientras el otro crucificado se ve que tiene energías y ánimo de mofarse de Jesús, el otro se lo reprocha y le dice que al menos ellos están allí pagando por su crimen, mientras que Jesús no ha hecho nada malo. Es entonces cuando le pide que se acuerde de él cuando llegue a su Reino y cuando Jesús le contesta que le guarda sitio, que no se preocupe.

Nunca he sabido muy bien qué pensar de esta escena. La entiendo, pero hay algo que me incomoda. ¿Tal vez el mandato, la petición en forma de imperativo? No sé.

El otro día lo tuve más claro. Vi una petición de este estilo que pedía a las personas que habían conseguido algo por lo que habían batallado mucho que recordasen que había gente que todavía estaba en la lucha. Qué necesidad, me pregunto. Si la persona es tan individualista como para olvidarse del resto en cuanto consiga su objetivo, de nada sirve ese mensaje. Y si no lo es probablemente consiga simplemente amargar su momento feliz con una chispita más o menos grande de remordimiento, culpabilidad o mala conciencia (tal vez sea el exceso de catolicismo, ojo, no lo descarto).

Y sé que está feo señalar a quien lo está pasando mal, lo sé, y puede que esto sea problemático de alguna manera que no llego a ver ahora, pero me parece egoísta querer estar presente en los dulces momentos de gozo de otras personas como una gotita de vinagre. Son tan pocos los buenos momentos, tan pocos los motivos de celebración... ¿Por qué remarcar el hecho de que el mundo no es perfecto, de que, aunque tu sufrimiento haya menguado, hay gente que sigue sufriendo? Como si fuese fácil de ignorar. Al menos el buen ladrón no tenía otro momento para elevar su petición: estaba ante alguien con contactos para permitirle acceder al Paraíso y ese alguien estaba a punto de espichar: era entonces o nunca. Pero, ¿por qué dirigir nuestra reivindicación justo a quien acaba de conseguir algo? ¿Por qué alguien sacaría la pancarta «Hoy no es mi cumpleaños» en el cumpleaños de alguien? Sí, lo sé, es una simplifiación que espero me sepas perdonar.

No sé, no me parece una postura del todo sana. No seré yo quien censure la rabia, pero intento seleccionar a quién quiero dirigirla. A las personas que han conseguido, generalmente después de mucha lucha y sacrificio, lo que quiero para mí sin hacerle daño a nadie, en definitiva, a las que han sido mis compañeras de batalla, prefiero verlas no como salvadoras sino como recordatorio de que lo que ansío es posible (incluso aunque puede que yo no lo consiga). Y lo hago desde la alegría y la celebración de que lo hayan logrado.

Más que exigirles que piensen en mí desde su Paraíso escojo pensar en ellas mientras transito mi Purgatorio.


Sí, sé que este post es muy pseudo y ha quedado bastante deslavazado, lo mismo no he conseguido expresar bien lo que quería decir, pero esto llevaba muchos días dando vueltas en mi cabeza y necesitaba sacarlo fuera, que ya estaba un poco hartita de la cita bíblica en cuestión. Si has llegado hasta aquí, admiro tu capacidad de tener esperanza. En este caso, de que la cosa mejoraba al final :P

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